El Gobierno de Vivas es una máquina de despilfarrar y de crear puestos de trabajo para colocar a dedo a sus palmeros y estómagos agradecidos, sin darse cuenta que es el alcalde de una pequeña ciudad de escasamente 84.000 habitantes y que, sin embargo, ha tejido un entramado en la institución donde se han multiplicado las direcciones generales a medida que han ido pasando los años para pagar así deudas de favores.